Con las reacciones al cierre de la emisora de televisión RCTV en Venezuela asistimos a una muestra más del cinismo internacional. En nombre de la libertad de expresión se cometen las burradas más gordas. Curiosamente los que tanto la pregonan son los formadores de opinión pública, un oligopolio mediático en manos privadas, propiedad de grupos financieros nada democráticos .
Los periódicos, cadenas televisivas, productoras de cine o cadenas radiofónicas son propiedad de grupos de poder concreto que enarbolando la libertad de expresión, como otras libertades igual de prostituidas, controlan al detalle la información que suministran. Generalmente no hace falta censura porque el silencio y la indiferencia condenan al ostracismo y la invisibilidad de cualquier discurso que se salga de las variedades del pensamiento único diseñado. Aun así,cuando es necesario tener mano dura, se tiene.
El cierre de medios de comunicación subversivos no es exclusivo de Cuba o Venezuela. En España, en 1988 se cerró EGIN y EGIN Irratia, en 2001 la revista Ardi Beltza y en el 2003 el diario Egunkaria. Por poner solo unos ejemplos. Y, sin embargo, no se leyó ni escucho en ningún medio internacional que fueran ataques a la libertad de expresión o que el presidente del gobierno español fuera un tirano o un déspota.


