27 febrero, 2008

Cuestión de fe

Category: suciapolitica — pepe @ 18:14

Viendo el famoso debate de Zapatero y Rajoy  me reafirmo en que la política es más que nunca cuestión de fé. Días antes me tragué un rato el duelo de cifras macroeconómicas entre Solbes y Pizarro y la única idea que salía de mi cabeza esquivando  las ráfagas de fuego cruzado  que se escupían ambos contrincantes, es que podían ser perfectamente mentiras todos los informes que nos leían y que nadie lo dijera. No hay nada que me asegure que los datos aportados con severo gesto por el vicepresidente segundo del gobierno Pedro Solbes y que no dejaban lugar a dudas de las bondades de la gobernabilidad socialista sean ciertos. Recitados de forma casi religiosa pudieran ser tan falsos como que existió Adán y Eva. Y por otro lado, el aluvión de números que con saña lanzaba el empresario Manuel Pizarro  dinamitando la gestión del gobierno en estos cuatro años  también puede que fueran disparos de fogueo, vacías salvas para impresionar a la gran cantidad de espectadores que presenciábamos el tiroteo financiero.
Semejante fenómeno ocurrió con el top de audiencia, el cara a cara Zapatero- Rajoy. El mismo baile de cifras pero más descarado pues hasta en un momento el presidente popular afirmó que en España se destruyen cada día 4.500 puestos de trabajo y medio minuto después Zapatero, cifras en mano afirmó contundente que durante su gobierno se han creado 2.000 puestos cada día. Entonces ¿se ha creado trabajo, si o no? ¿A quien creer?
A mi humilde juicio, no es esa la pregunta importante, sino más bien ¿Por qué creer?
De poco vale quien salió ganando con ese debate porque salieron los dos ganando Zapatero y Rajoy, el PSOE y el PP. Salió triunfante el bipartidismo, que es actualmente el mayor enemigo de la democracia y la libertad política. Se reafirmó y reforzó el planteamiento de que solo vale lo que existe y solo existe lo que se ve, y solo se ve lo que sale en la tele y en la tele solo salen dos partidos y lo demás no existe y se acabó.  Perdió, pues todo el mundo. Cualquiera que tenga una forma de pensar que no este alineada en el pensamiento único de los dos partidos, que al ser único es idéntico salvando algún matiz para dar color y tensión al juego democrático y electoral perdió la oportunidad de expresar su opción política.

Pero volviendo a lo de las preguntas ¿Por qué creer? En el plato de televisión me parecido estar presenciando un campeonato de pressing cath en el que que esta todo amañado y en el que los golpes y la ferocidad son tan de mentira como el decorado de un teatro. Pura farsa en la que cada espectador iba con su luchador y todo lo que hiciera este seria aclamado como silbado cualquier esfuerzo del contrario.  Durante el debate en televisión, el que fuera afín al PSOE se encontró con su lider  vigoroso y un opositor  patoso y poco preparado. El que fuera mas pepero sin embargo vio como Zapatero aparecía desgastado y Rajoy pletórico y con óptima puntería. Así lo reflejaban los diarios del día siguiente, según la tendencia editorial de cada uno. Así se lo traga cualquiera que no sea un poco crítico con lo que ve.
Cuando uno no  ve la paja en el ojo de  su líder, o su equipo de fútbol y solo la ve en el del contrario estamos elevando esta cuestión a una cosa de religión de fe. Uno es del atleti porque si. Uno vota al PSOE porque mis padres han sido socialistas de toda la vida lo hagan bien lo hagan mal, me vaya bien o me vaya mal, en definitiva porque soy del atleta.
Es mentira lo que dicen de que esos debates son para que se aclaren los indecisos. Son programas para los que tienen claro que partido van a votar. Los indecisos seguirán sin aclararse, porque las tormentas de ideas, cifras, consignas y actuaciones histriónicas no empujan ninguna balanza a ningún lado. La política es cuestión de fe. Y hoy día solo hay una iglesia con dos tendencias. Lo importante es que siga la Iglesia con esas dos únicas tendencias.

7 febrero, 2008

Mauricio Cañete Colmenero

Category: suciapolitica — pepe @ 22:37

Miguel Angel Arias Cañete dice que “es difícil encontrar un camarero como los de antes” no en referencia a que es un puesto de trabajo que esta mayoritariamente ocupado por extranjeros.

Para hablar de las cosas hay que tener un poco de información porque sino se mete la pata se descubre uno como es, en este caso un clasista ignorante. Si es cierto que no se ven tantos camareros nacionales, si se me permite la expresión, como antes. Y eso es así porque los españoles no quieren trabajar de camareros, ni en la construcción, ni recogiendo fresas bajo un plástico. Las jornadas son largas, y duras y el sueldo no hace justicia al esfuerzo. Ese es el motivo por el que los españoles, aupados por la bonanza económica rechazan esos trabajos.

A partir de ahí Arias Cañete frivoliza con que es difícil encontrar un camarero como los de antes al que le encargues una larga comanda y sea capaz de memorizarla.

De un plumazo se ha permitido insultar a todas las personas que vienen a trabajar a este país llamándoles tontos. Eso que el pudiera considerar broma jocosa entre sus colegas del barrio de Salamanca es bastante ofensivo para inmigrantes y aborígenes minimamente sensibilizados como es mi caso. Destila el clasismo rancio de las aristocracias que tratan a la servidumbre paternalmente, pero con distancia y desprecio.

Cañete se ha creído estar actuando en la serie de Aida haciendo de Mauricio Colmenero con sus dislates racistas y que el resto le reiriamos la gracia como el Luisma, que somos tontos.

Cultura española

Category: suciapolitica — pepe @ 22:30

No conozco a Mariano Rajoy. Sin embargo estoy seguro de que es un tipo como yo, sencillo y algo simplón. Todo lo que dice lo suelo entender a la primera sin hacer mucho esfuerzo intelectual. Mejor dicho, casi todo. Ayer anunciò que si gobernase crearía un “contrato de integración” para los inmigrantes por el cual los extranjeros tendrán los mismos derechos que los españoles pero deberán aprender la lengua, cumplir las leyes y respetar las costumbres.

En primer lugar la propuesta de por si es un farol porque no creo que Mariano Rajoy fuera a dar, por poner un ejemplo, el derecho a voto a los extranjeros que cumplieran ese contrato surrealista, así que de los mismos derechos nada comenzando por el basico en una democracia. Esa propuesta va dirigida para captar el voto de todos esos españoles que dicen que no son racistas pero….que siempre encuentran un pero para exponer sus planteamientos racistas (que si se llevan todas las ayudas, que si vienes a robar chales, a traficar con droga, que si viven cuarenta en una habitación, que si colapsan las urgencias…). O como he leído hoy por ahí, un acto de electoralismo xenófobo.

Esos requisitos que quiere implantar Rajoy son una especie de jura de bandera civil, un Yo prometo estético e inútil, que ya viene recogido en el código civil (art. 22 “buena conducta cívica y suficiente grado de integración en la sociedad española.”) para los extranjeros que quieran la nacionalidad española y que se queda en puro formalismo.

Hacerlo extensivo a todos los inmigrantes que viven en España es una soberana estupidez que pone de relieve el talante de la derecha. Parece a todas luces que el Partido Popular quiere sacrificar estas elecciones para quitarse de en medio a Rajoy, porque peor oposición no se ha visto nunca.

Pero volviendo al motivo de estas líneas, el llamativo postulado de “adaptarse a nuestras costumbres” hace platearse varias preguntas ¿Cuál es la costumbre y cultura española, si es que hay una que se catalogue como tal? Imagino que Mariano respondería gravemente con su simpático ceceo que “las costumbres de la gente de bien”. Pero sería como no decir nada, una vez más.

¿Se refiere entonces al estereotipo de tradición ibérica proyectado internacionalmente desde que gobernó Franco de los toros, las paellas, la picaresca o la semana santa con sus capirotes? ¿Está haciendo alusión al crisol de identidades nacionales que de forma un tanto crispada se unifican de mala manera bajo la bandera rojigualda, o sea el aurresko, la sardana, el lacón con grelos, el euskera, las muñeiras o el Valenciano?

Bajo mi humilde punto de vista, la cultura española como tal no existe y esas costumbres, tradiciones o hábitos están bastante uniformados a lo largo de la península: la gente en Dos hermanas o en Rentería, en Arenas de San Pedro o Cornella, va a comprar a los mismos supermercados, consume los mismos productos, sigue las mismas pautas de ocio, trabajo y consumo con la variante musical de un idioma diferente en algunas zonas. En Sevilla los jóvenes compran pantalones vaqueros igual que en El Ferrol, se emborrachan los fines de semana en Valladolid y Santander, se liga y se folla con los mismos ritos y protocolos en Parla y en Calatayud y se agacha la cabeza ante el patrón igual en Bilbao y en Madrid. Esa es la cultura de este país y salvo pequeños matices y diferencias la cultura de los extranjeros que vienen aquí es la misma. Es la cultura del capitalismo mundializado: unicolor y unidireccional.

Lo demás son pamplinas y proclamas electorales.

Pero aun si fuera cierto que en España hay una cultura única ¿qué le hace pensar a Rajoy que es mejor que la de otros países para que los que vengan tengan que renegar de la suya por asumir la “nuestra”?.

Los periodos electorales se caracterizan por la ebullición de consignas fácilmente asimilables, que no de ideas maduradas y reflexionadas. Las cosas no son tan simples como dicen los políticos, de blanco o negro, y las razones por las que hipotéticamente me pudiera sentir orgulloso de ser español son las mismas por las que me pudiera sentir chileno o rumano y poco tienen que ver con los estereotipos culturales de cada país y mucho menos con lo que digan esos señores que dicen representarnos.