21 enero, 2008

Discreto y silencioso genocidio

Category: suciapolitica — pepe @ 14:08

Salir de las cavernas ha traído numerosos beneficios para la humanidad, pero también poderosas ataduras a los medios por los que hemos garantizado nuestra existencia. En nuestro mundo tecnológico quedarte en casa sin luz es equivalente a no tener televisión, teléfono o Internet, pero lo más grave sería no poder hacer funcionar la lavadora, el refrigerador, la iluminación de casa, el microondas, la cocina eléctrica aparte de, como daños colaterales, las mil y una chorradas que dicen que nos hacen la vida más cómoda: batidora, ascensor, depiladora, ordenador, la playstation, la maquina de cortar el pelo, la secadora de ropa, la secadora del pelo etcétera etcétera.
Hace unos meses me cortaron la luz y estuve dos días así, sintiéndome absolutamente estúpido, inútil y tecnodependiente.
Pero yo podía bajarme al bar de la esquina y comer como un marques, podía llevar ropa a alguna vecina para que me la lavara y las velas por la noche daban un ambiente romántico estupendo. En definitiva que sobreviví perfectamente y además me sirvió para enriquecer mi mundo interior con el tema de reflexión sobre todo esto que estoy contando.

Ahora bien cuando a una región entera le cortas el suministro de energía estás firmando la pena de muerte sobre miles de personas. Eso es lo que está ocurriendo en Gaza ahora, donde el gobierno israelí está llevando a cabo un brutal acto de represión al impedir suministrar combustible en toda la franja, incidiendo esta medida dramáticamente en campos de refugiados u hospitales.
Es una manera de matar mucho menos escandalosa que el bombardear una población. Es un genocidio lento y silencioso. En nombre de la razón de Estado israelí. Y nadie vamos a protestar porque, al fin y al cabo, a todos nos han cortado alguna vez la luz.

17 enero, 2008

La vida no es mercancía

Category: suciapolitica — pepe @ 21:33

Las grandes noticias no aparecen nunca en las portadas de los diarios. Las más preocupantes o no salen o se esconden silenciosamente en las secundarias páginas intermedias. Últimamente va apareciendo información acerca de la implantación de la clonación de una forma discreta, sin levantar mucho revuelo, aunque el asunto en sí mismo sea de escándalo.
Hace unos días se nos anticipaba que la realidad de consumir animales clonados estaba a las puertas del supermercado y ayer mismamente esa verdad se aceleraba hasta el punto de que se podían ver unos cachorritos de cerdo clonados con los titulares de que en la Unión Europea se comenzaría a comercializar ese tipo de carne con su debida “denominación de origen clon” en el etiquetado y tranquilizando a los consumidores sobre algún hipotético riesgo de comer animales copiados genéticamente.
Hoy un diario da la noticia de que se ha logrado un embrión humano clonado a partir de una célula adulta.

Las imposiciones que desde el poder se planean a medio o largo plazo pasan por el diseño de una primera fase de concienciación. En ella se trata de hacer que la población vaya conociendo y asimilando nuevos conceptos. Lo Primero es hablar de ellos, mal o bien, pero que se comiencen a oír.
Aldous Huxley en su libro “Un mundo feliz”, escrito en los años treinta del siglo pasado, anticipaba la idea de la manipulación genética y la clonación. Él era un mundialista perteneciente a los servicios de inteligencia británicos y lo que pretendió con esa novela precisamente era lo contrario a la crítica que muchos pensamos que desprendía, sino anticipar e ir acostumbrando a la gente a lo que años después veríamos: un ensayo del triste mundo “feliz” que se avecinaba.
En la introducción de ideas que en un principio pueden ser chocantes y aborrecibles los medios de comunicación juegan un papel decisivo. Maquillan la superficie del producto a vender, redondean aristas y subvierten motivos y explicaciones. Encontrarán finalidades loables y beneficiosas para el conjunto de la humanidad, que exaltarán sin pudor, escondiendo los auténticos objetivos de tales imposiciones.
El controvertido caso de la clonación encuentra sus defensores en la comunidad científica que ve en la copia de células humanas tratamientos para enfermedades incurables. La principal voz detractora es la Iglesia aunque no la única.
Así mientras la ciencia esté en manos de multinacionales privadas que únicamente buscan el lucro es difícil creer en los loables fines que enuncian los medios. Y mientras los motores de la investigación sean las industrias armamentísticas y farmacéuticas, no está de más el ejemplo de la bondad de las patentes farmacéuticas para discernir el alcance auténtico de las mentiras que proclaman los defensores de la manipulación genética o la clonación.
En la prensa aparece hoy un esbozo de unas investigaciones que seguramente están mucho más lejos de lo que cuentan. La maquinaria se mueve en pos del mundo feliz, allanando los obstáculos morales, legales o ideológicos que pueda encontrar en su camino.

Quiza mi hija vea normal cuando sea mayor, que se clonen esclavos resistentes a condiciones adversas con la excusa de realizar trabajos duros e indeseables y que lo que nosotros contemplamos pasmados en las películas de ciencia ficción sea una realidad asumida e incuestionable.
Pero hoy, por hoy no queda más obligación moral que llamar a las cosas por su nombre y la clonación abre la puerta a muchas más tropelías que buenas cosas, sencillamente porque los que la manejan juegan con el bien y el mal, la vida y la muerte siempre en beneficio propio. Y hasta ahora lo bueno para ellos es altamente pernicioso para la gran mayoría de los vivientes.