Ayer saltaron a la Plaza de toros de las Ventas seis activistas antitaurinos de Equanimal en plena celebración. Se plantaron en medio del ruedo con pancartas de denuncia con la plaza entera chillándoles. Las imágenes son alucinantes. Una acción así es la típica que planeas con tus colegas al calor de unas cervezas pero que nunca se te ocurre llegar a realizar por el terrorífico final que te puede aguardar. Pues ahí están estos valientes que no dudan en meterse en el centro del avispero de la catetez más casposa de las tradiciones. Lo curioso es que no intervenga hasta el final la policía y no se si para detenerles o defenderles de las iras de los taurinos. Y digna de reseñar la paciencia con que aguantan los modales violentos de un chiquilicuatre banderillero al que cualquiera por menos le había soltado un puñetazo en su cara de cabrón. También los coros de la afición son para hacer mención especial: “Vaya España que tenemos” balbucea entrecortado por la ira un honrado forofo de los espectáculos sádicos. Por último, el toque surrealista lo dan los diligentes barrenderos al ignorar lo que está ocurriendo a escasos metros suyos y continuar su tarea sin interrupción alguna.
No se ve en el video, pero no os preocupéis, los activistas están sanos y salvos. Solo fueron arrestaron y puestos horas mas tarde en libertad. Sus cargos, esos que valen para todo: Resistencia a la autoridad y desordenes públicos. Vaya España que tenemos.
¡Ole! Seis valientes en Las Ventas
La ministra de la guerra
Los hombres pelean, rugen, matan y violan. Las mujeres algo menos, por no decir casi nada. Ya solo por eso me parecen más valiosas. Por no tener esas horribles taras que los machos tenemos en mayor o menor medida. Los hombres tenemos virtudes, pero nuestros defectos son tan gordos que en una balanza hacen volar a los de la mujer.
Me entristece cuando veo féminas que copian lo peor del género masculino y además, para más INRI lo reivindican como metas en la igualdad. Me apena ver mujeres picoleto, policías guardas de seguridad o militares. También esas directivas de empresa que para mantenerse a flote depredan con más saña que cualquiera de sus compañeros machotes. El espejismo de la igualdad de derechos consiste en emular al hombre y no al revés, que sería bastante más interesante y beneficioso.
Carme Chacón es nombrada Ministra de Defensa y la derecha (excepto nuestra Esperanza Aguirre) se lanza a ridiculizar de forma retrograda. En la calle de los comentarios que he oído pocos tiene desperdicio. Hay uno en concreto con el que estoy de acuerdo aplicándolo por extensión a todos los ministros de todos los tiempos y gobiernos. Es el que dice que Carme Chacón no tiene ni puta idea de que es un ejército. Probablemente lleve toda la razón. Pero no tiene ni idea no por ser mujer, sino por ser ministra. Es norma en la democracia nombrar cargos al frente de carteras que poco o nada han tenido que ver con las personas asignadas. Es premisa aceptada que el que vale para Justicia vale también para Agricultura y el que no lo hace muy mal en Interior tampoco causará demasiado desaguisado en Exteriores. En esto coinciden los dos partidos que cargamos desde la democracia.
Es injusto decir que Carme Chacón no tiene ni puta idea de que es el Ejercito cuando, por poner cualquier ejemplo de los cientos que hay, Arias Cañete, licenciado en derecho tampoco tenía ni puta idea de que era una vaca loca, estaba al frente del ministerio de agricultura y pesca y nadie le cuestionaba por ser tío. En ese sentido veo muy positivo el nombramiento de esta cartera, como revulsivo que aflore prejuicios y sirva para un debate, mediocre pero debate al fin y al cabo.
Este fin de semana en El Pais, la ministra afirmaba ser pacifista, que no antimilitarista. Vamos por parte. Lo de no ser antimilitarista me ha parecido muy feo, pues como dije más arriba da mal sabor de boca que una mujer copie como un lorito lo perfido del hombre. Esa puntualización de que no es antimilitarista molesta, porque se supone que no somos gilipollas y no esperamos que sea insumisa, como si un ministro de justicia fuera promulgando aquello tan bonito y pomposo de: “No reconozco a este Tribunal”.
Que la ministra de defensa se declare pacifista no es nada guay aunque ella lo pretenda parecer al decirlo sino que es más grave y forma parte del atrezzo de los nuevos ejércitos en el teatro de intervenciones internacionales comandadas por la OTAN y dirigidas por el Tio Sam. Llamarles ejercito de la paz es una broma tan pesada como llamar contratistas a los mercenarios del Blackwater. De siempre al ministerio de la Chacón se le ha denominado Ministerio de la Guerra en todos los paises.
Carme Chacon no se merece críticas por ser mujer porque lo hace igual que un hombre. Hace de Ministra de Defensa, de Ministra de la Guerra, de mando intermedio de la OTAN. Una pena. Por eso yo si que la critico.
Memoria histórica de pez
Ayer salió en la tele una noticia que corrobora, una vez más que la gente tenemos memoria histórica de pez. Dicen las leyendas acuáticas que los peces en los aquarium olvidan lo vivido a cada vuelta que dan frente al cristal de su jaula, es decir, que son tan tontos que podríamos hacerles una putadita a cada pase por delante de nuestros ojos, que ellos la olvidarían una vez que dan el giro. Lo que significa también, al carecer de memoria, que no están adaptados para aprender determinadas pautas que se adquirirían al recordar con un poco más de capacidad y precisión.
En un noticiero daban cuenta de la entrega del premio Cervantes al poeta argentino Juan Gelman. Al acto asistieron una curiosa muestra de personalidades entre las que destacaba el Rey de España Juan Carlos I. Juan Gelman sufrió la represión de la dictadura de su país y su hijo y su nuera fueron dos de las 30.000 personas desaparecidas en los años del terror.
En la entrega del premio más importante de las letras hispanas este señor dio un sentido discurso contra las injusticias sociales con una voz entrecortada que resultaba sinceramente conmovedora. A su lado hablo también el Rey de España, que con semblante grave y su peculiar dificultad en la dicción se solidarizaba con este gran poeta, comunista por cierto. El cuadro era emotivo sino fuera porque, a mi parecer, el Rey desentonaba en un acto donde estaba presente la condena a la dictadura argentina y donde cohabitaban en superficial y aparente armonía polos tan opuestos como las ideas socialistas y el compromiso de Gelman, con el pensamiento arribista e intransigente del Rey. ¿Nadie se acordó de la dictadura española? ¿No recordamos a ese mismo Rey en decenas de actos con el caudillo de España? No soy de los que gusta de echar mano a las fotos comprometedoras de Juan Carlos I con Francisco Franco, ni siquiera me gusta sacarlo a relucir para reforzar cualquier discusión o exposición de argumentos, porque siempre se suele hacer para decir que el sistema que tenemos ahora es igual al de hace cincuenta años y eso no es verdad. Pero ayer no podía evitar recordar cómo ese señor mayor de gesto serio y ligeramente alelado compartía tribuna con victima de lejana dictadura y antaño, lo hacía con el carnicero y mayor responsable de la nuestra propia.
Estoy seguro además de que tan solo la gente más ideologizada (o más fanática como pueda entenderse) pensó lo mismo que yo. Pero cuando el suceso transcurrió en la más normal de las normalidades todo apunta a que la mayoría de la gente no recordó que aquí hubo también miles de desaparecidos. Memoria histórica de pez. Vamos nadando en el antifranquismo y al dar la vuelta en la pecera se nos olvida la dictadura y el Rey es un demócrata de toda la vida.
Venga, va. No he podido resistir colgar esta bonita instantánea del Rey con otro gran demócrata chileno.

Huelga de hambre en nuestro Guantanamo
Ocultos a los ojos de la sociedad de ciudadanos de bien. Hundidos en un limbo legal que toca con los pies el infierno en esta vida terrenal y permite cualquier situación de agresión e impunidad. Enfermos sin medicamentos. Aislados y vejados. Recibiendo trato infrahumano. Soportando palizas como única atención a las demandas de los internados. La única forma de protestar contra esta situación es con su propio cuerpo. La huelga de hambre es el último recurso de la desesperación, y también de la dignidad.
En ese Guantánamo de Aluche, esa antigua Cárcel de Carabanchel, que es el almibaradamente llamado Centro de Internamiento de Extranjeros varias decenas de detenidos se han puesto en huelga de hambre para llamar la atención sobre el vejatorio trato que reciben. La respuesta del director no se ha hecho esperar a base de golpe de antidisturbio.
Los extranjeros de aluche no existen y son invisibles. Sus delitos, no estar regularizados administrativamente. Detenidos en cacerías de perros policía cuando salen del metro de vuelta de trabajar sin contrato. Su pecado y su estigma, ser ilegales, que suena muy mal, como si hubieran cometido alguna terrible fechoría. Las palabras las inventan quienes quieren dirigir nuestro pensamiento.
Nuestra culpa, mirar a otro lado y hacer zapping con el mando de nuestras atenciones y prioridades.
La limpieza china
China limpia las calles de indeseables ante los juegos, es un titular del periódico de hoy y la denuncia que ha realizado Amnistía Internacional. El tema de los Juegos Olímpicos de este año y toda la campaña de ataque al régimen chino es vergonzosa. Clamar contra un país que no respeta los derechos humanos desde otros muchos que tampoco lo hacen no es más que hipocresía barata. Pero hoy con ese titular tan manipulador me he trasladado ni más ni menos que a la Sevilla de hace casi 16 años, a abril de 1992. Era la inauguración de la Exposición Universal, la Expo 92 y frente a los fastos de derroche y pomposidad que el gobierno del PSOE estaba realizando, muchísima gente discrepaba de los mismos realizando pacíficas protestas en la calle. Yo baje a tocar con Sin Dios en un concierto contra el 92, tras el que se organizó una manifestación por el barrio de la alameda. Muchos recordareis el final de la marcha, tras ser reprimida a tiros por la policía. Varios heridos de balas, decenas de detenidos y una auténtica razzia de limpieza por todo el centro de la ciudad. Refugiados en un local que creo recordar que se llamaba el Patio Verde resultaba imposible salir a la calle y no ser interceptado por la policía si llevabas un mínimo de pintas. El enorme dispositivo represivo duró lo que los actos oficiales estaban previstos. La curación de las heridas y los juicios contra militantes bastante más.
Así que eso de la higiene y los indeseables de las calles, aquí ya se ha practicado y no solo en la Marbella de Gil, sino sistemáticamente allá donde hubiese alguna ceremonia susceptible de ser cuestionada, como en la Expo de Sevilla, las Olimpiadas de Barcelona o la siempre cultural capitalidad de Madrid. Y eso que aquí ni somos chinos ni somos comunistas. Pero lo dejamos todo más limpio que la patena.
Cuestión de fe
Viendo el famoso debate de Zapatero y Rajoy me reafirmo en que la política es más que nunca cuestión de fé. Días antes me tragué un rato el duelo de cifras macroeconómicas entre Solbes y Pizarro y la única idea que salía de mi cabeza esquivando las ráfagas de fuego cruzado que se escupían ambos contrincantes, es que podían ser perfectamente mentiras todos los informes que nos leían y que nadie lo dijera. No hay nada que me asegure que los datos aportados con severo gesto por el vicepresidente segundo del gobierno Pedro Solbes y que no dejaban lugar a dudas de las bondades de la gobernabilidad socialista sean ciertos. Recitados de forma casi religiosa pudieran ser tan falsos como que existió Adán y Eva. Y por otro lado, el aluvión de números que con saña lanzaba el empresario Manuel Pizarro dinamitando la gestión del gobierno en estos cuatro años también puede que fueran disparos de fogueo, vacías salvas para impresionar a la gran cantidad de espectadores que presenciábamos el tiroteo financiero.
Semejante fenómeno ocurrió con el top de audiencia, el cara a cara Zapatero- Rajoy. El mismo baile de cifras pero más descarado pues hasta en un momento el presidente popular afirmó que en España se destruyen cada día 4.500 puestos de trabajo y medio minuto después Zapatero, cifras en mano afirmó contundente que durante su gobierno se han creado 2.000 puestos cada día. Entonces ¿se ha creado trabajo, si o no? ¿A quien creer?
A mi humilde juicio, no es esa la pregunta importante, sino más bien ¿Por qué creer?
De poco vale quien salió ganando con ese debate porque salieron los dos ganando Zapatero y Rajoy, el PSOE y el PP. Salió triunfante el bipartidismo, que es actualmente el mayor enemigo de la democracia y la libertad política. Se reafirmó y reforzó el planteamiento de que solo vale lo que existe y solo existe lo que se ve, y solo se ve lo que sale en la tele y en la tele solo salen dos partidos y lo demás no existe y se acabó. Perdió, pues todo el mundo. Cualquiera que tenga una forma de pensar que no este alineada en el pensamiento único de los dos partidos, que al ser único es idéntico salvando algún matiz para dar color y tensión al juego democrático y electoral perdió la oportunidad de expresar su opción política.
Pero volviendo a lo de las preguntas ¿Por qué creer? En el plato de televisión me parecido estar presenciando un campeonato de pressing cath en el que que esta todo amañado y en el que los golpes y la ferocidad son tan de mentira como el decorado de un teatro. Pura farsa en la que cada espectador iba con su luchador y todo lo que hiciera este seria aclamado como silbado cualquier esfuerzo del contrario. Durante el debate en televisión, el que fuera afín al PSOE se encontró con su lider vigoroso y un opositor patoso y poco preparado. El que fuera mas pepero sin embargo vio como Zapatero aparecía desgastado y Rajoy pletórico y con óptima puntería. Así lo reflejaban los diarios del día siguiente, según la tendencia editorial de cada uno. Así se lo traga cualquiera que no sea un poco crítico con lo que ve.
Cuando uno no ve la paja en el ojo de su líder, o su equipo de fútbol y solo la ve en el del contrario estamos elevando esta cuestión a una cosa de religión de fe. Uno es del atleti porque si. Uno vota al PSOE porque mis padres han sido socialistas de toda la vida lo hagan bien lo hagan mal, me vaya bien o me vaya mal, en definitiva porque soy del atleta.
Es mentira lo que dicen de que esos debates son para que se aclaren los indecisos. Son programas para los que tienen claro que partido van a votar. Los indecisos seguirán sin aclararse, porque las tormentas de ideas, cifras, consignas y actuaciones histriónicas no empujan ninguna balanza a ningún lado. La política es cuestión de fe. Y hoy día solo hay una iglesia con dos tendencias. Lo importante es que siga la Iglesia con esas dos únicas tendencias.
Mauricio Cañete Colmenero
Miguel Angel Arias Cañete dice que “es difícil encontrar un camarero como los de antes” no en referencia a que es un puesto de trabajo que esta mayoritariamente ocupado por extranjeros.
Para hablar de las cosas hay que tener un poco de información porque sino se mete la pata se descubre uno como es, en este caso un clasista ignorante. Si es cierto que no se ven tantos camareros nacionales, si se me permite la expresión, como antes. Y eso es así porque los españoles no quieren trabajar de camareros, ni en la construcción, ni recogiendo fresas bajo un plástico. Las jornadas son largas, y duras y el sueldo no hace justicia al esfuerzo. Ese es el motivo por el que los españoles, aupados por la bonanza económica rechazan esos trabajos.
A partir de ahí Arias Cañete frivoliza con que es difícil encontrar un camarero como los de antes al que le encargues una larga comanda y sea capaz de memorizarla.
De un plumazo se ha permitido insultar a todas las personas que vienen a trabajar a este país llamándoles tontos. Eso que el pudiera considerar broma jocosa entre sus colegas del barrio de Salamanca es bastante ofensivo para inmigrantes y aborígenes minimamente sensibilizados como es mi caso. Destila el clasismo rancio de las aristocracias que tratan a la servidumbre paternalmente, pero con distancia y desprecio.
Cañete se ha creído estar actuando en la serie de Aida haciendo de Mauricio Colmenero con sus dislates racistas y que el resto le reiriamos la gracia como el Luisma, que somos tontos.
Cultura española
No conozco a Mariano Rajoy. Sin embargo estoy seguro de que es un tipo como yo, sencillo y algo simplón. Todo lo que dice lo suelo entender a la primera sin hacer mucho esfuerzo intelectual. Mejor dicho, casi todo. Ayer anunciò que si gobernase crearía un “contrato de integración” para los inmigrantes por el cual los extranjeros tendrán los mismos derechos que los españoles pero deberán aprender la lengua, cumplir las leyes y respetar las costumbres.
En primer lugar la propuesta de por si es un farol porque no creo que Mariano Rajoy fuera a dar, por poner un ejemplo, el derecho a voto a los extranjeros que cumplieran ese contrato surrealista, así que de los mismos derechos nada comenzando por el basico en una democracia. Esa propuesta va dirigida para captar el voto de todos esos españoles que dicen que no son racistas pero….que siempre encuentran un pero para exponer sus planteamientos racistas (que si se llevan todas las ayudas, que si vienes a robar chales, a traficar con droga, que si viven cuarenta en una habitación, que si colapsan las urgencias…). O como he leído hoy por ahí, un acto de electoralismo xenófobo.
Esos requisitos que quiere implantar Rajoy son una especie de jura de bandera civil, un Yo prometo estético e inútil, que ya viene recogido en el código civil (art. 22 “buena conducta cívica y suficiente grado de integración en la sociedad española.”) para los extranjeros que quieran la nacionalidad española y que se queda en puro formalismo.
Hacerlo extensivo a todos los inmigrantes que viven en España es una soberana estupidez que pone de relieve el talante de la derecha. Parece a todas luces que el Partido Popular quiere sacrificar estas elecciones para quitarse de en medio a Rajoy, porque peor oposición no se ha visto nunca.
Pero volviendo al motivo de estas líneas, el llamativo postulado de “adaptarse a nuestras costumbres” hace platearse varias preguntas ¿Cuál es la costumbre y cultura española, si es que hay una que se catalogue como tal? Imagino que Mariano respondería gravemente con su simpático ceceo que “las costumbres de la gente de bien”. Pero sería como no decir nada, una vez más.
¿Se refiere entonces al estereotipo de tradición ibérica proyectado internacionalmente desde que gobernó Franco de los toros, las paellas, la picaresca o la semana santa con sus capirotes? ¿Está haciendo alusión al crisol de identidades nacionales que de forma un tanto crispada se unifican de mala manera bajo la bandera rojigualda, o sea el aurresko, la sardana, el lacón con grelos, el euskera, las muñeiras o el Valenciano?
Bajo mi humilde punto de vista, la cultura española como tal no existe y esas costumbres, tradiciones o hábitos están bastante uniformados a lo largo de la península: la gente en Dos hermanas o en Rentería, en Arenas de San Pedro o Cornella, va a comprar a los mismos supermercados, consume los mismos productos, sigue las mismas pautas de ocio, trabajo y consumo con la variante musical de un idioma diferente en algunas zonas. En Sevilla los jóvenes compran pantalones vaqueros igual que en El Ferrol, se emborrachan los fines de semana en Valladolid y Santander, se liga y se folla con los mismos ritos y protocolos en Parla y en Calatayud y se agacha la cabeza ante el patrón igual en Bilbao y en Madrid. Esa es la cultura de este país y salvo pequeños matices y diferencias la cultura de los extranjeros que vienen aquí es la misma. Es la cultura del capitalismo mundializado: unicolor y unidireccional.
Lo demás son pamplinas y proclamas electorales.
Pero aun si fuera cierto que en España hay una cultura única ¿qué le hace pensar a Rajoy que es mejor que la de otros países para que los que vengan tengan que renegar de la suya por asumir la “nuestra”?.
Los periodos electorales se caracterizan por la ebullición de consignas fácilmente asimilables, que no de ideas maduradas y reflexionadas. Las cosas no son tan simples como dicen los políticos, de blanco o negro, y las razones por las que hipotéticamente me pudiera sentir orgulloso de ser español son las mismas por las que me pudiera sentir chileno o rumano y poco tienen que ver con los estereotipos culturales de cada país y mucho menos con lo que digan esos señores que dicen representarnos.
Discreto y silencioso genocidio
Salir de las cavernas ha traído numerosos beneficios para la humanidad, pero también poderosas ataduras a los medios por los que hemos garantizado nuestra existencia. En nuestro mundo tecnológico quedarte en casa sin luz es equivalente a no tener televisión, teléfono o Internet, pero lo más grave sería no poder hacer funcionar la lavadora, el refrigerador, la iluminación de casa, el microondas, la cocina eléctrica aparte de, como daños colaterales, las mil y una chorradas que dicen que nos hacen la vida más cómoda: batidora, ascensor, depiladora, ordenador, la playstation, la maquina de cortar el pelo, la secadora de ropa, la secadora del pelo etcétera etcétera.
Hace unos meses me cortaron la luz y estuve dos días así, sintiéndome absolutamente estúpido, inútil y tecnodependiente.
Pero yo podía bajarme al bar de la esquina y comer como un marques, podía llevar ropa a alguna vecina para que me la lavara y las velas por la noche daban un ambiente romántico estupendo. En definitiva que sobreviví perfectamente y además me sirvió para enriquecer mi mundo interior con el tema de reflexión sobre todo esto que estoy contando.
Ahora bien cuando a una región entera le cortas el suministro de energía estás firmando la pena de muerte sobre miles de personas. Eso es lo que está ocurriendo en Gaza ahora, donde el gobierno israelí está llevando a cabo un brutal acto de represión al impedir suministrar combustible en toda la franja, incidiendo esta medida dramáticamente en campos de refugiados u hospitales.
Es una manera de matar mucho menos escandalosa que el bombardear una población. Es un genocidio lento y silencioso. En nombre de la razón de Estado israelí. Y nadie vamos a protestar porque, al fin y al cabo, a todos nos han cortado alguna vez la luz.
La vida no es mercancía
Las grandes noticias no aparecen nunca en las portadas de los diarios. Las más preocupantes o no salen o se esconden silenciosamente en las secundarias páginas intermedias. Últimamente va apareciendo información acerca de la implantación de la clonación de una forma discreta, sin levantar mucho revuelo, aunque el asunto en sí mismo sea de escándalo.
Hace unos días se nos anticipaba que la realidad de consumir animales clonados estaba a las puertas del supermercado y ayer mismamente esa verdad se aceleraba hasta el punto de que se podían ver unos cachorritos de cerdo clonados con los titulares de que en la Unión Europea se comenzaría a comercializar ese tipo de carne con su debida “denominación de origen clon” en el etiquetado y tranquilizando a los consumidores sobre algún hipotético riesgo de comer animales copiados genéticamente.
Hoy un diario da la noticia de que se ha logrado un embrión humano clonado a partir de una célula adulta.
Las imposiciones que desde el poder se planean a medio o largo plazo pasan por el diseño de una primera fase de concienciación. En ella se trata de hacer que la población vaya conociendo y asimilando nuevos conceptos. Lo Primero es hablar de ellos, mal o bien, pero que se comiencen a oír.
Aldous Huxley en su libro “Un mundo feliz”, escrito en los años treinta del siglo pasado, anticipaba la idea de la manipulación genética y la clonación. Él era un mundialista perteneciente a los servicios de inteligencia británicos y lo que pretendió con esa novela precisamente era lo contrario a la crítica que muchos pensamos que desprendía, sino anticipar e ir acostumbrando a la gente a lo que años después veríamos: un ensayo del triste mundo “feliz” que se avecinaba.
En la introducción de ideas que en un principio pueden ser chocantes y aborrecibles los medios de comunicación juegan un papel decisivo. Maquillan la superficie del producto a vender, redondean aristas y subvierten motivos y explicaciones. Encontrarán finalidades loables y beneficiosas para el conjunto de la humanidad, que exaltarán sin pudor, escondiendo los auténticos objetivos de tales imposiciones.
El controvertido caso de la clonación encuentra sus defensores en la comunidad científica que ve en la copia de células humanas tratamientos para enfermedades incurables. La principal voz detractora es la Iglesia aunque no la única.
Así mientras la ciencia esté en manos de multinacionales privadas que únicamente buscan el lucro es difícil creer en los loables fines que enuncian los medios. Y mientras los motores de la investigación sean las industrias armamentísticas y farmacéuticas, no está de más el ejemplo de la bondad de las patentes farmacéuticas para discernir el alcance auténtico de las mentiras que proclaman los defensores de la manipulación genética o la clonación.
En la prensa aparece hoy un esbozo de unas investigaciones que seguramente están mucho más lejos de lo que cuentan. La maquinaria se mueve en pos del mundo feliz, allanando los obstáculos morales, legales o ideológicos que pueda encontrar en su camino.
Quiza mi hija vea normal cuando sea mayor, que se clonen esclavos resistentes a condiciones adversas con la excusa de realizar trabajos duros e indeseables y que lo que nosotros contemplamos pasmados en las películas de ciencia ficción sea una realidad asumida e incuestionable.
Pero hoy, por hoy no queda más obligación moral que llamar a las cosas por su nombre y la clonación abre la puerta a muchas más tropelías que buenas cosas, sencillamente porque los que la manejan juegan con el bien y el mal, la vida y la muerte siempre en beneficio propio. Y hasta ahora lo bueno para ellos es altamente pernicioso para la gran mayoría de los vivientes.


